Ni fronteras, ni creencias, ni edades… La danza, al igual que la música, la ciencia, etc… es un lenguaje universal que no entiende de limitaciones. El objetivo es enriquecer un conocimiento (ya sea interno o externo) y desarrollar a quien lo aplica. Ahí es poco, leed lo que nos cuenta Antonia, y decidid si no es para menos…

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La danza, según la he vivido, me ha aportado el estar más conforme conmigo misma y no tener perjuicios; los conceptos de “hacer el ridículo” o “lo que piensen los demás” fueron de los primeros axiomas que cayeron cuando yo, a su vez, caí en el mundo de la danza. Las respuestas al “como liberarme”, o sencillamente al buscar el sentirme bien conmigo misma, y satisfecha, vienen en justas dosis cada clase de danza que hago.

Mi postura corporal mejoró notablemente; de hecho, me siento más alineada (y no sólo en la danza). A cierta edad, los vicios cogidos durante casi toda una vida, son difíciles de corregir. Y ls consecuencias que ello acarrea, las he podido esquivar grácilmente con un par de “Shimis”, jejeje. Personalmente me siento más ágil, con más salud y en una especie de “amistad” armoniosa con mi propio cuerpo. Es dificil de expresar, pero es lo que siento.

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Por otra parte, en el tema mental, he conseguido enfocar las cosas de manera más apropiada. ya no me agobio con las cosas sin importancia, sinó que busco la solución desde el relax y no desde el estrés, que es lo que antes me pasaba. Me miro por dentro y veo que los problemas los hacemos mayores de lo que son, y desde esa perspectiva, ahora afronto ilusionada otra etapa en la vida y en la danza.

Por cierto, tengo 65 años y 2 nietos que son como 2 soles.