En 1977 se lanzó una sonda espacial, con una singular misión. Adentrarse en los confines del universo; hasta los límites del sistema solar, y más allá. La sonda era la Voyager1 y, después de observar y estudiar casi la totalidad de nuestro sistema solar, gracias a los impulsos de las órbitas de los planetas exteriores, se adentró en lo que se denomina la heliofunda (en los confines de las influencias cósmicas del sistema solar).

A 6.000 millones de Km., en 1990, la sonda recibió un mensaje de su centro de control. “Mira atrás, toma una fotografía, envíanosla y sigue“. Cuando se recibió la fotografía, un científico dijo algo sobre ella, que incluso fué inspiración para el título de uno de sus últimos libros.

Un punto azul pálido; y eso es lo que dijo:

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí ” en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.”
Carl Sagan.

Es importante, parar de vez en cuando, y ser consciente de donde estamos, quienes somos y a donde vamos.

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Marina Salvador